El futuro de la atención sanitaria no consiste únicamente en tratar las enfermedades. También consiste en prevenirlas.

ago 17, 2026

La prevención está adquiriendo un papel cada vez más importante en la atención sanitaria. En Europa y en otras partes del mundo, los sistemas sanitarios buscan nuevas formas de identificar los riesgos antes e intervenir antes de que la enfermedad progrese. Los programas nacionales de prevención se están ampliando, la atención primaria está adquiriendo un papel más importante en la evaluación temprana del riesgo, los servicios de diagnóstico comunitarios están acercando el diagnóstico a los pacientes y los servicios especializados de prevención y longevidad están creando nuevos modelos de atención proactiva.

Este cambio no solo está transformando la prestación de la atención sanitaria. También está cambiando lo que los profesionales sanitarios necesitan del diagnóstico.

Durante décadas, el diagnóstico se ha utilizado principalmente para confirmar o descartar una enfermedad una vez que aparecen los síntomas. La prevención requiere un enfoque diferente. Depende de la capacidad de reconocer los riesgos antes de que se desarrolle la enfermedad, reunir distintas fuentes de información clínica y favorecer decisiones más tempranas y mejor fundamentadas.

La necesidad de este cambio nunca ha sido tan evidente.

Las enfermedades no transmisibles (ENT), entre ellas las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas, siguen siendo uno de los mayores retos a los que se enfrentan los sistemas sanitarios en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, causaron 43 millones de muertes en todo el mundo en 2021, y las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte entre las ENT.¹

Europa se enfrenta al mismo reto. La Oficina Regional de la OMS para Europa estima que aproximadamente 1,8 millones de muertes por ENT podrían evitarse cada año, ya sea mediante medidas eficaces de prevención o mediante un diagnóstico oportuno y el acceso a una atención sanitaria de calidad.²

Estas cifras ayudan a entender por qué la prevención está adquiriendo cada vez más relevancia en las prioridades de los sistemas sanitarios. Sin embargo, reconocer la necesidad de la prevención es solo el primer paso.

La siguiente cuestión es cómo están rediseñando los sistemas sanitarios la atención para hacer posible esta prevención.

Preventive clinics

Cómo están llevando los sistemas sanitarios la prevención a la práctica

No existe un único modelo de atención sanitaria preventiva. Los países están desarrollando distintos enfoques en función de sus sistemas sanitarios, modelos de financiación y necesidades de la población. Aunque los modelos varían, todos comparten el mismo objetivo: identificar antes los riesgos para la salud y favorecer decisiones clínicas más proactivas.

1. Prevención a nivel poblacional

En muchos sistemas sanitarios, la prevención comienza mucho antes de que aparezcan los síntomas. Los programas nacionales identifican de forma proactiva a las personas con un mayor riesgo y las invitan a realizar evaluaciones de salud estructuradas, en lugar de esperar a que aparezca una enfermedad.

El programa inglés NHS Health Check es uno de los ejemplos consolidados en Europa. A los adultos de entre 40 y 74 años que no presentan determinadas enfermedades preexistentes se les ofrece una evaluación de la salud cardiovascular cada cinco años. El objetivo es evaluar la salud cardiovascular e identificar un mayor riesgo de enfermedades como cardiopatías, diabetes, enfermedad renal y accidente cerebrovascular.³

2. Prevención desde la atención primaria

Para muchas personas, la prevención comienza con su médico de familia.

En los países de la OCDE, la atención primaria desempeña un papel importante en la prevención, la detección temprana y el manejo de las enfermedades crónicas. Como primer punto de contacto con el sistema sanitario, una atención primaria sólida puede proporcionar una atención integral y continuada, al mismo tiempo que favorece la prevención y ayuda a las personas a gestionar mejor su propia salud.⁴

En España, la Cohorte IMPaCT es un ejemplo de cómo la atención primaria puede contribuir a un enfoque más preventivo y predictivo de la salud. Impulsada por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y coordinada a través del CIBER, la iniciativa tiene como objetivo realizar un seguimiento de aproximadamente 200.000 personas durante 20 años a través de una red nacional de centros de atención primaria. Mediante la combinación de cuestionarios, mediciones físicas, muestras biológicas y datos clínicos, el proyecto busca comprender mejor los factores que influyen en el desarrollo de las principales enfermedades y contribuir al avance de la medicina predictiva y la prevención en España.⁵

Programa de prevención español

Cohorte IMPaCT

Cohorte IMPaCT
Cohorte IMPaCT

3. Servicios de diagnóstico más cerca del paciente

Algunos sistemas sanitarios están rediseñando la atención acercando el diagnóstico a los pacientes.

El programa inglés de Community Diagnostic Centres (CDC) es uno de los ejemplos más conocidos. Estos centros ofrecen una amplia variedad de pruebas diagnósticas fuera de los entornos hospitalarios de atención aguda, proporcionando a los pacientes un acceso más cómodo al diagnóstico. El modelo está diseñado para coordinar las pruebas diagnósticas en entornos comunitarios y favorecer flujos asistenciales de diagnóstico más eficientes.⁶

Más que limitarse a aumentar la capacidad diagnóstica, los CDC también están diseñados para optimizar los circuitos clínicos y mejorar la organización y prestación de los servicios de diagnóstico.⁶

4. Servicios especializados de prevención y longevidad

Junto a la sanidad pública, los servicios especializados de prevención y longevidad representan otro modelo de atención proactiva. Estos servicios suelen centrarse en evaluar la salud y los posibles riesgos antes de que aparezcan los síntomas, prestando mayor atención a la prevención, la salud a largo plazo y la atención personalizada.

A diferencia de los modelos asistenciales tradicionales, que suelen organizarse en torno a una enfermedad o necesidad clínica específica, los servicios de prevención y longevidad pueden ofrecer evaluaciones de salud más amplias dentro de un modelo específicamente orientado a la prevención.

La evidencia reciente sobre los chequeos de salud cardiovascular sugiere que las evaluaciones estructuradas de la salud pueden contribuir a identificar a las personas con mayor riesgo cardiovascular y mejorar la detección de los factores de riesgo cardiovascular.⁷

Aunque estos servicios varían considerablemente en cuanto a su alcance y organización, reflejan un cambio más amplio hacia una atención sanitaria que busca comprender y gestionar el riesgo de forma más temprana, en lugar de esperar a que la enfermedad se manifieste.

Lo que todos estos modelos tienen en común

Aunque los sistemas sanitarios están adoptando diferentes enfoques de prevención, todos se enfrentan al mismo reto: ¿cómo transformar un volumen creciente de información clínica en decisiones clínicas relevantes?

Imaginemos a un paciente que acude a una evaluación preventiva de su salud.

Durante una misma consulta, los profesionales sanitarios pueden evaluar el riesgo cardiovascular, el estado vascular, la función respiratoria y las constantes vitales, junto con los antecedentes médicos, los factores relacionados con el estilo de vida y los resultados de laboratorio. Cada uno de estos elementos ofrece una perspectiva diferente sobre la salud del paciente, pero ninguna medición aislada proporciona una visión completa.

Aquí es donde el concepto de Diagnósticos integrados adquiere una relevancia cada vez mayor para la atención preventiva. Al reunir diferentes mediciones e información clínica dentro de un mismo flujo de trabajo diagnóstico, los profesionales sanitarios pueden obtener una visión más completa del riesgo individual y disponer de un contexto clínico más amplio para decidir cuáles son los siguientes pasos más adecuados.

Esto cambia el papel del diagnóstico.

Tradicionalmente, el diagnóstico está diseñado para confirmar o descartar una enfermedad una vez que aparecen los síntomas. La atención preventiva plantea una pregunta diferente:

¿Quién presenta un riesgo y qué podemos hacer antes de que se desarrolle la enfermedad?

Responder a esta pregunta requiere algo más que mediciones individuales precisas. Los profesionales sanitarios deben poder conectar resultados procedentes de diferentes áreas diagnósticas, reconocer patrones y convertir la información clínica en decisiones relevantes.

Este enfoque se refleja en las Guías de la Sociedad Europea de Cardiología de 2021 sobre la prevención de las enfermedades cardiovasculares, que sitúan la evaluación del riesgo cardiovascular en el centro de la toma de decisiones preventivas y recomiendan tener en cuenta las características individuales, los factores de riesgo y el riesgo cardiovascular global a la hora de decidir las intervenciones preventivas.⁸

Las políticas sanitarias están evolucionando en la misma dirección. La Estrategia Mundial sobre Salud Digital 2020–2027 de la Organización Mundial de la Salud promueve el desarrollo de sistemas sanitarios más eficaces, equitativos y centrados en las personas mediante la transformación digital.⁹ El Espacio Europeo de Datos de Salud (EEDS) establece un marco común de la UE para los datos electrónicos de salud, incluidas medidas destinadas a mejorar el acceso a los datos sanitarios y la interoperabilidad entre los sistemas de historias clínicas electrónicas.¹⁰

Tanto si la prevención se lleva a cabo mediante programas nacionales como desde la atención primaria, centros de diagnóstico comunitarios o servicios especializados en atención preventiva, todos estos modelos dependen de la misma base: información diagnóstica oportuna, fiable y clínicamente relevante.

Durante décadas, la atención sanitaria ha mejorado la precisión de las pruebas diagnósticas individuales.

El siguiente reto consiste en aprovechar mejor la información que proporcionan.

El futuro de la atención preventiva dependerá cada vez más de la capacidad de los sistemas sanitarios para conectar los flujos de trabajo diagnósticos, los datos clínicos y las mediciones individuales. Al reunir estos elementos, los Diagnósticos integrados pueden ayudar a los profesionales sanitarios a obtener una visión más completa del riesgo individual, tomar decisiones mejor fundamentadas y favorecer una intervención más temprana.

Porque el futuro de la prevención no depende únicamente de lo que medimos, sino también de cómo conectamos lo que sabemos.